Cuando la sombra acecha

La ciclicidad que conlleva el ser mujer no es siempre fácil de llevar. Hay momentos en los que los cambios hormonales y emocionales se hacen verdaderamente complicados de gestionar. A veces llegan a convertirse en grandes retos con los que no siempre nos sentimos preparadas ni con ganas de lidiar.

Hay días (a veces más, a veces menos) en los que de repente pasamos de ser la Dra. Jekyll a convertirnos en una temible y oscura Sra. Hyde. Hay días en los que, por X motivo(s) nuestra sombra, esa parte que normalmente mantenemos domada, oculta, disimulada, nos golpea desde adentro para reclamar su espacio, pidiendo nuestra atención y cuidados, de una forma nada amable ni educada. Suele reclamar a gritos, a arañazos que despellejan desde el interior de las entrañas. Y no, no es que estemos locas, ni que seamos raritas o caprichosas. Es que somos cíclicas, y en nuestro ciclo nuestras luces y nuestras sombras se van combinando de formas que no siempre son armoniosas ni cómodas.

La pregunta del millón es: ¿es esto evitable?

Eso depende. Depende de cómo sea tu relación contigo. Con tu cuerpo. Con tus emociones. Con tu historia. Con tus circunstancias. Con tu entorno. Depende de si de vez en cuando te tomas el tiempo y el espacio necesarios para escucharte, conocerte, explorarte, descubrirte, respetarte, re encontrarte en nuevos matices…

Hay muchas explicaciones a nuestros altibajos. Los cambios a nivel hormonal durante nuestro ciclo son una de ellas. Sin duda nuestra biología nos afecta. Y el cómo cuidemos nuestra salud y nuestros hábitos determinan el mejor o peor funcionamiento de nuestro organismo.

Los cambios psico emocionales pueden deberse a estos cambios hormonales, o no. Puedes tener un bajón “químico” generado por tu propio cuerpo, o puede que atravieses momentos complicados en tu biografía. Y aquí es donde una cosa enlaza con la otra. Porque hay momentos en los que nuestra química biológica derrumba muros emocionales, desvela secretos escondidos en nuestro inconsciente, ilumina rincones incómodos en nuestra parcela de íntimos silencios.

Nuestra sombra de vez en cuando se planta y pide protagonismo. Y lo hace porque normalmente la mantenemos a raya, debajo de la alfombra, bien escondidita para que nadie la vea (ni siquiera nosotras mismas). Por eso arremete con violenta intensidad cuando bajamos la guardia. Cuando no la miramos ni de lejos. Cuando vivimos en una continua huida hacia la dirección contraria a la que ella habita. Y eso, queridas mías, no es nada sano. No es sano porque nos hiere.  Porque nos agrede. No ella (la sombra), si no nuestra propia ceguera.

¿Cuándo fue la última vez que te diste permiso para llorar “porque sí”? ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste gritar aquello que necesitabas? ¿Cuándo fue la última vez que decidiste saltar al otro lado de tus propias limitaciones y demostrarte que sí podías?

Cuando la sombra acecha, te pide que la escuches, que la atiendas, porque ella te trae nuevos enfoques, nuevas informaciones, nuevas revelaciones sobre ti misma. No acecha para fastidiarte, reclama tu atención hacia donde no estás mirando, para darte el regalo de una profunda sabiduría interna, que estás ignorando.

Esa sombra forma parte de lo que eres. No te ignores. Atiéndete.

Cuando la sombra acecha_Natura Dharma

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