¡Fuera máscaras!

Esta reflexión que comparto surge a raíz de un encuentro que tuve con una querida amiga, que estaba atravesando un momento muy duro en su vida.

Me explicaba cómo se sentía, las lágrimas corrían por sus mejillas, y de repente me dí cuenta de que de su boca asomaba una extraña y forzada sonrisa, que llegaba a convertirse en risa en los momentos en los que su relato detallaba los más dolorosos pasajes. Y me asusté. Se me encendieron todas las alarmas. Algo en esa sonrisa/risa era, a parte de enormemente incoherente, muy dañino también.

Le pregunté porqué sonreía y se reía, cuando lo que me estaba explicando era tan duro para ella, y su respuesta fue contundente: “¡Estoy harta de estar así!”, “¡No quiero que mis amigos me veáis mal, no quiero cansaros ni agobiaros con mi tristeza!”

Después continuó una conversación que me dio mucho qué pensar sobre la necesidad que tenemos las mujeres de permitirnos mostrar nuestra vulnerabilidad en una sociedad en la que, antiguamente, sólo lo tenían vetado los hombres. Ahora nosotras también debemos ser fuertes y todo poderosas. Y muchas veces cometemos el error de adoptar automatismos (como esa sonrisa forzada) y convertirlos erróneamente en herramientas de supervivencia, cuando en realidad son armas de auto destrucción que lo único que hacen es alimentar una falsa sensación de control sobre nuestras emociones, cuando la realidad es muy distinta.

La cruda realidad es que manteniendo esas máscaras, nos auto engañamos, nos anulamos, nos prohibimos expresar nuestra verdad, nos impedimos ser espontáneas, auténticas, claras y coherentes, principalmente, con nosotras mismas. Y ahí está el problema más grave de todos. Porque no importa demasiado si decides engañar al público con una máscara elegida para la ocasión de una forma consciente. Si sabes que la estás utilizando y para qué lo haces. Eso es una decisión personal.

El problema aparece cuando no te das cuenta de que la llevas puesta. Cuando vas por ahí sin saber que no sólo te estás engañando a ti misma, si no que te estás auto agrediendo.

¿Y cómo es eso de la auto agresión? Pues es un retorcido mecanismo que requiere de una gran destreza para llevarse a cabo. En este caso concreto de las máscaras, elijo un gesto (consciente) que con el tiempo se convierte en automatismo (deja de ser consciente) que aparece cuando siento una emoción “non grata”. Esa máscara se convierte (ilusoriamente) en un “aliado”, en algo que te ayuda  (repito, ilusoriamente) a ahuyentar y alejar de ti esa emoción que no quieres sentir.

¿Pero qué sucede en realidad? Que la máscara te aprieta, te ahoga. La máscara te anestesia de ti misma, no te deja fluir con lo que hay. No te permite transitar la emoción, la deja prisionera, prisionera dentro de ti. No la ahuyenta, no la aleja. La deja bien apretadita en tu interior. Y eso es lo que te agrede, lo que te hace trizas.

Todas tenemos mil razones para no mostrar nuestro dolor, nuestra rabia, nuestro miedo, para escondernos en los momentos más bajos, sobre todo con aquellos que más nos importan, “para que no se preocupen”, “para no ser un problema”, “para no llamar la atención”. Y así lo único que conseguimos es caminar heridas y dolientes.

Este es uno de los motivos por los que considero tan importante el acompañamiento. Porque no siempre podemos identificar cómo nos auto lesionamos, de qué forma nos auto saboteamos y nos auto limitamos.

Y si en nuestro entorno cotidiano, en casa o en el trabajo no encontramos el momento ni la ocasión para quitarnos las máscaras, entonces busquemos y encontremos un lugar, un tiempo y un espacio para poder estar con lo que realmente hay en nuestro interior, un entorno seguro para expresarnos en libertad.

Por tu salud, por tu bienestar.

¡Fuera máscaras!

Fuera máscaras - Natura Dharma

2 thoughts on “¡Fuera máscaras!

  1. pilar dice:

    gracias por hacerme consciente de esta reflexion estaria bien que asumieramos esas emociones sin más, sintiedolas sin estancarnos en ellas osea sin caer en el victimismo, un abrazo

    1. CaRoLiNa dice:

      Así es Pilar, transitar las emociones para poder soltarlas y seguir adelante.
      Me alegra saber que te ha gustado el post. ¡Gracias por tu comentario!

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